UN BUITRE AL FILO DE LO IMPOSIBLE

ESTEPONA, minNos gustaría recopilar aquí los datos de una historia de supervivencia que, a pesar de décadas dedicados a la conservación de los buitres, nos ha dejado una profunda huella.

Nuestra protagonista, una hembra de Buitre leonado (Gyps fulvus), nació en la primavera del año 1984 y como muchos jóvenes de su edad, en su primer otoño, inició un increíble viaje con destino al continente africano, a través del peligroso Estrecho de Gibraltar. Sin embargo algo frustró su viaje, quizás el hambre, debida a las transformaciones sufridas por su hábitat, quizás el agotamiento, le hicieron desfallecer cuando ya divisaba el mar. Tras recibir el aviso, miembros de la FAADN-SILVEMA (Federación de Asociaciones para la Defensa de la Naturaleza) la recogieron proveniente de la playa del municipio de Estepona (Málaga),  lugar este que le serviría para recibir su nombre a partir de entonces: “Estepona”.

Una vez recuperada de su debilidad en el Centro de Recuperación de Aves Carroñeras “El Boticario” (Montes de Málaga), gestionado por la FAADN con el esfuerzo y la constancia de Chelo y Nino, nuestra protagonista fue devuelta a la Naturaleza, en el comedero para aves carroñeras de “El Chorro” (Ardales), cerca de una buitrera histórica.

EL buitre Estepona en su juventud volo libre e inició la aventura del viaje a África

EL buitre Estepona en su juventud voló libre e inició la aventura del viaje a África

Llegando exhausta al municipio de Estepona, ya podía divisar la dura prueba del Estrecho de Gibraltar, y al fondo: ¡África!

Llegando exhausta al municipio de Estepona, ya podía divisar la dura prueba del Estrecho de Gibraltar, y al fondo: ¡África!

Tras su recuperación en el Centro de Carroñeras "El Boticario", nuestra protagonista es devuelta a la Naturaleza

Tras su recuperación en el Centro de Carroñeras “El Boticario”, nuestra protagonista es devuelta a la Naturaleza

Estepona vuelve a surcar los cielos andaluces de nuevo

Estepona vuelve a surcar los cielos andaluces de nuevo

Pero una vez más la mano del hombre se cruza en su camino, en esta ocasión recibe un disparo de munición de caza, que le fractura un ala, cae y la herida le provoca una fuerte infección. Al no poder volar un buitre no puede alimentarse, fue  encontrada al borde de la muerte por inanición por una pareja de la Guardia Civil, cerca del lugar donde la habíamos liberado. En esta ocasión poco podemos hacer para su recuperación, un ala, como en cualquier ave, lo es todo en un buitre, la difícil fractura del cúbito derecho, destrozado por el disparo, condenará a Estepona a no poder volver a recobrar la libertad.

Al mes de recuperar su libertad un disparo de arma de caza casi acaba con su vida. Los puntos blancos de la radiografía son los plomos de la munición incrustados en su cuerpo

Al mes de recuperar su libertad un disparo de arma de caza casi acaba con su vida. Los puntos blancos de la radiografía son los plomos de la munición incrustados en su cuerpo

Estepona es sometida a una complicada intervención quirúrgica para intentar reconstruir el ala fracturada por el disparo recibido.

Estepona es sometida a una complicada intervención quirúrgica para intentar reconstruir el ala fracturada por el disparo recibido.

A partir de ese día su vida en cautividad se desarrolló principalmente el Centro de Recuperación CRAC El Boticario, pero su desgracia ayudó a muchos otros ejemplares de su especie, puesto que este exitoso centro de recuperación empleaba una técnica consistente en ubicar a los buitres jóvenes que cada año ingresan en los centros, como un día le ocurrió a nuestra protagonista, en el seno de una pequeña buitrera de ejemplares irrecuperables, donde la convivencia de esta especie gregaria daba magníficos resultados en la recuperación de los jóvenes, en un ambiente lo más natural posible, evitando así el peligroso troquelado, es decir el percibir a los humanos como parte de su recuperación, lo que puede provocar el amansamiento de los buitres jóvenes durante su tratamiento.

Lamentablemente no recupera la funcionalidad del ala y pasará el resto de su vida en cautividad. Aunque pronto comenzará a desarrollar una importante función ayudando a la recuperación de otros buitres jóvenes ingresados en el centro.

Lamentablemente no recupera la funcionalidad del ala y pasará el resto de su vida en cautividad. Aunque pronto comenzará a desarrollar una importante función ayudando a la recuperación de otros buitres jóvenes ingresados en el centro.

Estepona envejece en el CRAC El Boticario, formando parte de la pequeña colonia de buitres irrecuperables que, con resultados inmejorables, arropan y de alguna forma instruyen a los jóvenes de esta especie tan gregaria, que cada año ingresan en el centro, como un día le ocurrió a ella.

Estepona envejece en el CRAC El Boticario, formando parte de la pequeña colonia de buitres irrecuperables que, con resultados inmejorables, arropan y de alguna forma instruyen a los jóvenes de esta especie tan gregaria, que cada año ingresan en el centro, como un día le ocurrió a ella.

Tras muchos años realizando esta importante función, Chelo y Nino pensaron en un nuevo y mejor destino para Estepona. Sería trasladada a un cercado especial para buitres irrecuperables dentro del Comedero para Aves Carroñeras de “El Chorro”, perteneciente a la Red Andaluza de Comederos (RACAN) de la Consejería de Medio Ambiente, donde una vida apacible les esperaría para el resto de su larga vida. Aquí en el comedero, la presencia de estos buitres que no pueden volar, sirve como reclamo a los buitres silvestres y al amenazado Alimoche (Neophron percnopterus), indicándoles que allí se puede comer y que ese lugar es un lugar seguro.

Con el paso de los años, nuestra protagonista pasa a un mejor destino, un cercado para irrecuperables, situado al aire libre, en el comedero de "El Chorro"

Con el paso de los años, nuestra protagonista pasa a un mejor destino, un cercado para irrecuperables, situado al aire libre, en el comedero de “El Chorro”

En el comedero de "El Chorro" sigue prestando un importante servicio, "comunica" a sus congéneres carroñeros en libertad (buitres y alimoches) que en ese lugar hay alimento y que es seguro bajar a comer.

En el comedero de “El Chorro” sigue prestando un importante servicio, “comunica” a sus congéneres carroñeros en libertad (buitres y alimoches) que en ese lugar hay alimento y que es seguro bajar a comer.

Aunque desafortunadamente, fuera de todo pronóstico Estepona, tras 29 años de cautividad, posiblemente alentada por otros buitres en libertad que bajaron a alimentarse en el comedero, consigue saltar la valla y escapa a pie por el monte en un lluvioso día de la incipiente primavera del 2013.

El día que por algún extraño motivo Estepona consiguó escapar del cercado se internó, a pie, en un monte de vegetación muy densa, por donde se organizaron numerosos dispositivos de búsqueda, todos sin éxito

El día que por algún extraño motivo Estepona consiguó escapar del cercado se internó, a pie, en un monte de vegetación muy densa, por donde se organizaron numerosos dispositivos de búsqueda, todos sin éxito

Tras recibir el aviso, inmediatamente se organiza un dispositivo de búsqueda, pero, misteriosamente, tras varios días de búsqueda nuestro buitre no aparece, se la ha tragado la tierra… Repetimos la búsqueda desde distintos lugares, recorremos kilómetros alrededor de lugar donde desapareció, pasamos horas escudriñando el monte con prismáticos y telescopios, analizamos cada detalle de la orografía en todas las cartografías existentes, intentando establecer una hipótesis de lo ocurrido, pero poco a poco vamos perdiendo las esperanzas, los días juegan en su contra puesto que sin poder volar y fuera del comedero creemos que es imposible que pueda conseguir comida.

A los 28 días de su desaparición, cuando ya la habíamos dado por muerta, (oficialmente lo hacemos a los 30 días, según nuestros registros más extremos de buitres sin alimento durante ese período) recibimos el aviso de Jose del Restaurante La Ermita, en el mismo Paraje Natural Desfiladero de los Gaitanes, a pocos centenares de metros del lugar donde fue vista por última vez: nuestro buitre, Estepona, se encontraba en el aparcamiento del citado restaurante. Inmediatamente iniciamos una operación de rescate urgente y con todos los medios disponibles, que con la ayuda de Jose, el dueño del restaurante, quien consiguió seguirla hasta que llegamos al lugar, culminaría con su rescate en el fondo de un arroyo.

Increiblemente, y cuando ya se le daba por muerta, el dueño del Restaurante la Ermita, la localiza por casualidad y sigue su rastro hasta que llegamos al lugar para su captura

Increiblemente, y cuando ya se le daba por muerta, el dueño del Restaurante la Ermita, la localiza por casualidad y sigue su rastro hasta que llegamos al lugar para su captura

Sorprendentemente se encontraba en aparente buen estado de salud y no había perdido apenas masa corporal en todos estos días. Barajamos varias hipótesis, pero nunca podremos resolver el misterio de cómo pudo sobrevivir tantos días sin disponer de comida.

En la actualidad se encuentra en un centro de recuperación a la espera de que sea reparado el cercado del comedero  y pueda volver a él en condiciones seguras.

Nuestra protagonista comienza a recuperarse de su aventura, ya a salvo en el centro de recuperación.

Nuestra protagonista comienza a recuperarse de su aventura, ya a salvo en el centro de recuperación.

La resistencia y la capacidad de recuperación del buitre leonado sigue asombrándonos después de tantos años trabajando con ellos.

La resistencia y la capacidad de recuperación del buitre leonado sigue asombrándonos después de tantos años trabajando con ellos.

Queremos agradecer, en nombre del buitre Estepona, su colaboración a muchas personas que de alguna forma nos han apoyado en esta aventura: Gracias a los Agentes de Medio Ambiente de la zona, a la Policial Local de Ardales, Guardia Civil y a los muchos voluntarios que participaron en las búsquedas: especialmente a Eva, Cristina, Celia, Francisco y Alejandro.

A continuación el íntimo y emotivo relato de Chelo en torno a las últimas horas del rescate:

Una historia de “Estepona”

No puedo dejar de mirarla. Lo nota pero no se amilana, ni baja la mirada, ni percibo el menor atisbo de malestar. Ahora que lo pienso…¿ella?,  no, nunca la he visto con esa actitud. Me observa y cada vez que regreso mira las manos esperando más comida, ¡por fin un detalle de debilidad!  Según nuestros datos debería estar muerta tras cuatro semanas extraviada y sin comer, sin embargo su peso delata que o bien la lentitud de su  metabolismo se acentúa con la edad o se las ha ingeniado para obtener algún tipo de sustento ya que, aunque hambrienta, el peso sigue dentro de  los márgenes de normalidad, no mostrando signo aparente de deterioro. Ha debido transcurrir un buen rato desde que llegamos porque la luz es cada vez más oblicua pero sigo allí embelesada dejándome llevar por una completa felicidad. Intento hacer algo práctico pero de inmediato vuelvo donde se encuentra con algo más de comida. A medida que avanza la tarde el sueño comienza a invadirla tras la cena y me pregunto, siempre idéntico escrúpulo y siempre a toro pasado, si he hecho bien o debería haber controlado la cantidad suministrada….Rememoro lo ocurrido las últimas horas para volver a sentir los momentos de esperanza, tensión y alegría de recuperarla, y también para darme cuenta que no estoy soñando. Poco después de las tres y media de la tarde llamaba Jose desde la venta La Ermita comunicando que un buitre se había caído en la explanada de entrada y que cojeaba. Quedamos en avisar para su recogida pero minutos después me comenta que es una fractura en el ala y que va a intentar capturarlo. Sigo sin considerar la posibilidad de que sea el buitre irrecuperable que se ha escapado hace veintiocho días del cercado del comedero. En las últimas jornadas de búsqueda  he intentado localizar su cadáver, ya que tras cuatro semanas y con un peso de partida no excesivamente alto lo más probable es que esté muerta o en un avanzado estado de deterioro físico. La tercera llamada nos abre las puertas del paraíso: la fractura es de extremidad anterior derecha y tiene una anilla gris con el nº 11, aunque se vuelve a escapar por el desfiladero apeonando y dando algunos vuelos. Jose intentará perseguirla no perdiéndola de vista mientras llegamos. 

A partir de ahí comienza una carrera frenética de llamada a Jose Manuel – que tras unos instantes de estupor e incredulidad al hallarla y aún con vida – sale desde Ronda para el Chorro. Nino no osa esbozar la protesta por el almuerzo inacabado mientras montamos la jaula de transporte, y yo entro en un shock entre la esperanza y el pánico de que pese a haberla tenido tan cerca no podamos finalmente capturarla. Durante la casi hora de trayecto apenas hablamos, como si al hacerlo ella pudiera asustarse o sobre todo, el hecho de vocalizar su captura esfumara la posibilidad. Rememoro estas cuatro semanas desde que Fernando me avisó que había un buitre fuera del cercado, supe de inmediato que era Estepona, la única con cierta capacidad física pese a su ala fracturada, y sobrado carácter para dar ese salto. Puñetera….Hemos  recorrido varias veces la meseta incluso lloviendo, se suponía que debía estarse quieta si llueve, así como los fuertes desniveles y taludes de la ladera que conforman el desfiladero, a pie y barridos con  catalejo, probando a pensar como buitre,  hemos hallado de todo…menos a ella y así hemos vivido cuatro semanas angustiosas donde el desánimo al anochecer iba ganando terreno sin querer confesárnoslo unos a otros, y donde la siguiente salida era preparada minuciosamente dejándonos los ojos en la cartografía y en Google Earth, intentando convencernos de que esta vez teníamos nuevas posibilidades.

Al llegar Jose la tenía localizada y todo ha sido una persecución por  la sierra de la  Pizarra  donde Jose Manuel decidido a no correr riesgo de perderla se ha lanzado tras ella  precipitándose por los terraplenes del cañón hasta acabar él y Estepona en el encajonado lecho del arroyo. Ya en la jaula de transporte, nada de amilanamiento, ni bajada de cabeza, ni echarse sobre los tarsos, solo una mirada airada de “¿por qué me hacéis correr tanto?”.

Vaya desde aquí nuestro agradecimiento a Jose de la Ermita, por el interés mostrado desde el principio y su decisiva colaboración, y a todo el grupo que intervino en su búsqueda con y sin tormenta, aunque finalmente sea Estepona la que nos ha encontrado. 

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